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Huertos escolares para niños: ¿Qué beneficios tienen?

Imagina que los niños pudieran aprender matemáticas mientras cuentan semillas, descubrir biología viendo cómo brotan las plantas o entender la importancia de la paciencia esperando a que un tomate madure.

Eso es lo que pasa cuando se crean huertos escolares. Pero… ¿Qué beneficios concretos tienen los huertos escolares para niños en la educación infantil? Aquí te lo contamos.

Huertos escolares para niños en México

¿Qué es un huerto escolar?

Un huerto escolar es un espacio dentro de la escuela donde los niños siembran, cuidan y cosechan diferentes tipos de plantas, principalmente hortalizas, frutas, flores y hierbas aromáticas.

No se trata solo de “tener plantitas”. El huerto escolar es una herramienta educativa que combina teoría y práctica. A través de él, los niños aprenden sobre ciencia, matemáticas, arte, trabajo en equipo y el respeto a la naturaleza.

Los proyectos de siembra en el aula pueden variar en tamaño y forma. Algunos son grandes parcelas al aire libre, otros se montan en azoteas o paredes verticales, e incluso hay versiones hidropónicas en escuelas urbanas donde no hay tierra disponible.

¿Qué beneficios tienen los huertos escolares para niños?

Beneficio 1: Fomentan la educación ambiental desde la infancia

Uno de los mayores beneficios de un huerto escolar es que despierta conciencia ambiental desde temprana edad.

Cuando los niños siembran una semilla, riegan cada día y ven crecer la planta, entienden de forma práctica cómo funciona la naturaleza. Aprenden que los recursos como el agua o la tierra son limitados y deben cuidarse.

Además, descubren conceptos como el reciclaje, el compostaje y la importancia de los insectos polinizadores. No lo aprenden de un libro, sino viéndolo y tocándolo. Y eso genera un impacto mucho más duradero al fomentar el aprendizaje activo, como lo indican las metodologías activas en educación preescolar.

Beneficio 2: Promueven una alimentación saludable

Muchos niños nunca han visto cómo crece una lechuga o de dónde sale una zanahoria. El huerto cambia eso.

Al participar en el cultivo, los pequeños descubren el valor real de la comida y lo que implica producirlos. Esto suele despertar su curiosidad por probar nuevas frutas y verduras, incluso aquellas que antes rechazaban.

Distintos expertos han mostrado que uno de los beneficios de la educación ambiental es que los niños que participan en huertos escolares aumentan su consumo de vegetales y mejoran su actitud hacia los alimentos frescos.

Beneficio 3: Fortalecen habilidades cognitivas y académicas

El huerto es también un laboratorio al aire libre. En él se aplican múltiples áreas del conocimiento sin que los niños se den cuenta, por ejemplo:

  • Matemáticas: Al medir la tierra, contar semillas o calcular el crecimiento de las plantas.
  • Ciencias naturales: Al observar los procesos de germinación, fotosíntesis y ecosistemas.
  • Lenguaje: Al escribir bitácoras o describir los cambios que observan día a día.
  • Arte: Al diseñar carteles, pintar macetas o representar la naturaleza con dibujos.
  • Ciencias: Al involucrar plantas, procesos biológicos, etc.

De esta manera, el huerto no solo enseña a sembrar, sino también a pensar. La enseñanza se vuelve práctica, significativa y divertida, algo que mejora la comprensión y retención de los conocimientos.

Beneficio 4: Desarrollan habilidades socioemocionales

Los huertos escolares para niños no se cultivan solos. Requieren colaboración, comunicación y empatía.

Cuando los niños trabajan juntos, aprenden a cooperar, respetar turnos y compartir responsabilidades. Entienden que si uno olvida regar, la planta puede morir; si todos ayudan, el huerto florece.

También aprenden a manejar la frustración, por ejemplo, cuando una planta no crece como esperaban, y a celebrar los logros colectivos como la primera cosecha. Estas experiencias fortalecen su autoconfianza, paciencia y sentido de logro.

Beneficio 5: Fomentan el trabajo en equipo y el sentido de comunidad

El huerto puede convertirse en el corazón verde de la escuela. Profesores, alumnos, padres y personal escolar pueden involucrarse en su cuidado, lo que fortalece el sentido de pertenencia y comunidad.

Algunas escuelas incluso organizan ferias o días de cosecha donde los niños venden lo que cultivan. Esto les enseña sobre economía circular, emprendimiento y responsabilidad.

Ver a toda la comunidad reunida en torno a los proyectos de siembra en el aula generan lazos que trascienden las aulas y promueven valores de cooperación, respeto y solidaridad.

Beneficio 6: Conectan el aprendizaje con la vida real

Muchos niños aprenden conceptos abstractos en clase, pero no siempre entienden cómo se aplican en el mundo real. Uno de los beneficios de la educación ambiental es romper con esa barrera entre lo intangible y lo real.

Por ejemplo, aprenden de forma práctica por qué el agua es esencial, cómo influyen las estaciones en el crecimiento o por qué es importante la biodiversidad.

Esta conexión entre teoría y práctica estimula la curiosidad, el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Los niños se vuelven investigadores naturales, haciendo preguntas y buscando respuestas observando la vida misma.

Huertos escolares para niños

Beneficio 7: Mejoran la salud física y mental

Cuidar un huerto implica movimiento: cavar, plantar, regar, podar; actividades que ayudan a los niños a mantenerse activos sin que lo vean como ejercicio.

Además, pasar tiempo al aire libre y en contacto con la naturaleza tiene efectos positivos comprobados sobre la salud mental: Reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y aumenta la concentración.

En tiempos donde los problemas de ansiedad y déficit de atención son cada vez más comunes, este tipo de actividades se convierten en una terapia natural y accesible.

Beneficio 8: Enseñan valores y responsabilidad

Cuidar un ser vivo, aunque sea una pequeña planta, enseña compromiso. Los niños entienden que si no riegan o si arrancan las hojas sin cuidado, la planta puede morir. Así aprenden que las acciones tienen consecuencias.

De manera natural, los huertos escolares para niños ayudan a inculcar valores como la responsabilidad, la constancia, el respeto y la gratitud.

También promueven la humildad, porque a veces, a pesar del esfuerzo, algo puede salir mal. Y ahí es donde los niños aprenden que la naturaleza tiene sus tiempos y sus reglas.

Beneficio 9: Impulsa la creatividad y la curiosidad

Otro de los beneficios de los huertos escolares para niños es que promueven la imaginación.

Los niños comienzan a hacer preguntas, proponen nuevas formas de sembrar, mezclan colores y texturas o inventan sistemas de riego caseros. Esa libertad para experimentar estimula su pensamiento creativo y su deseo de aprender por sí mismos.

En lugar de seguir instrucciones rígidas, exploran y descubren por ensayo y error, algo esencial para el desarrollo de la innovación y el pensamiento científico.

Beneficio 10: Fortalece el vínculo con la escuela

Muchos docentes notan que los niños que participan en huertos escolares se sienten más motivados a asistir a clases. El simple hecho de tener una actividad práctica, divertida y tangible los hace sentir parte activa del proceso educativo.

El huerto se convierte en un espacio donde pueden expresarse, experimentar y disfrutar del aprendizaje lo que hace que se emocionen por ir a clases. Esto reduce, según expertos, la falta escolar.

Para algunos alumnos con dificultades académicas o de conducta, este tipo de proyectos puede ser una puerta para reconectar con la escuela y mejorar su autoestima. Así como ayuda a crear un puente entre la escuela, la familia y los estudiantes.

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