Gráficos interactivos para el aprendizaje infantil

¿La música en preescolar como herramienta de aprendizaje funciona?

En los primeros años de vida, los niños están en una etapa en la que todo se aprende jugando, explorando y sintiendo. Por eso, la música no solo sirve para entretener también puede ayudar a desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales de una forma natural y divertida.

Pero ¿Cómo es que funciona la música en preescolar? ¿Qué beneficios tienen para el desarrollo infantil, la educación preescolar y el aprendizaje activo? Aquí te lo contamos.

música en preescolar

La música y el cerebro infantil: Una conexión poderosa

Desde el vientre materno, los bebés ya reaccionan a los sonidos y ritmos. Esa conexión temprana con la música continúa durante toda la infancia. Estudios en neuroeducación han demostrado que la música estimula simultáneamente diferentes áreas del cerebro: El lenguaje, la memoria, la motricidad y la atención.

Por ejemplo, cuando un niño canta, su cerebro se activa como si estuviera resolviendo un pequeño rompecabezas pues:

  • La escucha el ritmo y la melodía estimulan el área auditiva.
  • El recordar las letras mejora la memoria.
  • Mover su cuerpo al compás trabaja la coordinación motora.
  • La música expresa emociones y conecta al área límbica.

Es decir, cada canción es una especie de gimnasio mental. Y lo mejor de todo es que los niños aprenden sin darse cuenta, porque lo hacen jugando.

La música como herramienta para aprender lenguaje

Una de las áreas donde más se nota el impacto de la música es en el desarrollo del lenguaje.

De acuerdo con las metodologías activas en educación preescolar; cantar canciones infantiles, rimas y trabalenguas ayuda a los niños a ampliar su vocabulario, mejorar su pronunciación y comprender el significado de las palabras a través del contexto.

Por ejemplo, cuando un niño canta “Los pollitos dicen pío, pío, pío”, no solo está repitiendo sonidos, también está asociando acciones, emociones y ritmos con palabras. Además, la repetición melódica refuerza la memoria auditiva, lo que más adelante facilita el aprendizaje de la lectura y la escritura.

Estimula la memoria y la atención

¿Has notado que los niños pueden recordar letras larguísimas de canciones pero olvidan lo que les dijiste hace un minuto? Eso sucede porque la música capta y mantiene su atención de forma natural.

El ritmo, las pausas y la melodía ayudan a organizar la información en la mente del niño. Así, lo que podría parecer complicado (como aprender los días de la semana o los números) se vuelve mucho más fácil cuando se usa música en preescolar. La música convierte la repetición en algo divertido, no en una tarea aburrida.

Desarrolla la motricidad y la coordinación

Cantar canciones para estimular el lenguaje es solo una parte del aprendizaje. Moverse, bailar, aplaudir o tocar instrumentos también son formas de expresión que involucran el cuerpo entero.

Estas actividades fortalecen tanto la motricidad fina (al tocar un pandero, por ejemplo) como la motricidad gruesa (al bailar, saltar o girar). Además, enseñan ritmo, equilibrio y coordinación.

Un niño que aprende a seguir un compás musical está desarrollando la capacidad de sincronizar sus movimientos, lo que a su vez se traduce en mejoras en la escritura, el dibujo o los deportes, así como en actividades rítmicas para niños.

Fomenta la expresión emocional

Los niños pequeños muchas veces no tienen las palabras para expresar lo que sienten, allí es donde la música les ofrece una vía natural para hacerlo. A través del canto, el ritmo o el movimiento, pueden canalizar alegría, tristeza, frustración o entusiasmo sin necesidad de hablar.

Y eso tiene un valor enorme para su salud emocional. Cantar canciones sobre emociones, por ejemplo, ayuda a identificar lo que sienten y normaliza que todas las emociones son válidas.

En el aula, la música en preescolar también genera ambientes positivos y relajados, propicios para aprender y convivir.

Fortalece la socialización y el trabajo en equipo

Pocas cosas unen tanto como cantar en grupo. Cuando los niños interpretan una canción o participan en una pequeña presentación, aprenden a escuchar, esperar su turno y cooperar con los demás.

Las actividades musicales en grupo desarrollan habilidades sociales clave: respeto, empatía y sentido de pertenencia. Incluso los niños más tímidos suelen soltarse cuando cantan o tocan instrumentos junto a sus compañeros.

Además, los momentos musicales suelen estar asociados a la alegría y la convivencia, lo que refuerza los lazos entre los niños y sus profesores.

La música y las matemáticas: Una relación inesperada

Puede parecer que no tienen mucho que ver, pero la música en preescolar y las matemáticas están más conectadas de lo que imaginamos.

Los ritmos, las pausas, los compases y las repeticiones ayudan a los niños a entender patrones, secuencias y proporciones, conceptos básicos del pensamiento lógico-matemático.

Cuando un niño marca un ritmo con las palmas o repite un patrón musical, está desarrollando su capacidad de reconocer estructuras, algo que luego aplicará al contar, sumar o resolver problemas.

Impulsa la creatividad y la imaginación

La música es también un espacio de libertad. Permite que los niños inventen letras, improvisen sonidos o creen melodías con objetos cotidianos. Esa libertad de explorar y crear impulsa la imaginación, la originalidad y la resolución de problemas.

Muchos docentes usan la música para inspirar historias, dibujos o dramatizaciones. Por ejemplo, escuchar una melodía tranquila puede dar pie a que los niños inventen un cuento sobre el mar, sobre la naturaleza o el tema que se esté estudiando.

De igual forma, a través de la música en preescolar, los niños aprenden que hay muchas formas de expresarse y que todas pueden ser válidas y bellas.

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La música como apoyo para la inclusión

Otro aspecto fundamental es que la música puede ser una herramienta inclusiva de acuerdo con lo promovido por la Nueva Escuela Mexicana. Niños con diferentes estilos de aprendizaje o necesidades especiales pueden beneficiarse de ella porque no depende únicamente del lenguaje verbal.

Un niño con autismo, por ejemplo, puede comunicarse a través del ritmo o el movimiento; uno con dificultades de atención puede concentrarse mejor al participar en una actividad musical estructurada.

Además, la música rompe barreras culturales y lingüísticas. Todos entienden una melodía o un ritmo, sin importar el idioma.

La música como parte del juego y la rutina

El aprendizaje en preescolar ocurre a través del juego, y la música lo complementa a la perfección. Incluir canciones para marcar momentos del día como guardar los juguetes, lavarse las manos para comer o formarse para salir ayuda a los niños a organizar su tiempo y sus acciones.

Estas rutinas musicales no solo facilitan la disciplina, también crean un ambiente más amable y predecible. Los niños anticipan lo que viene y eso les da seguridad, evitando así conflictos.

Además, cantar juntos en diferentes momentos del día mantiene la energía del grupo equilibrada. Ayuda a que se activen cuando hace falta y relajen cuando es momento de concentrarse.

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